Durante años, el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur (Mercado Común del Sur) ha sido uno de esos temas que aparecen y desaparecen del debate público sin llegar nunca a materializarse del todo. Siempre importante, siempre complejo, pero raramente urgente. Hoy, sin embargo, su reactivación se produce en un contexto muy distinto al de hace una década: uno en el que la logística ya no es un engranaje invisible, sino un factor crítico para la competitividad.

No es un tratado comercial: es una prueba de madurez logística
La pandemia, la crisis energética, la inflación, la fragmentación geopolítica y la presión regulatoria han cambiado la forma en la que las empresas miran sus cadenas de suministro. En este escenario, el acuerdo UE–Mercosur no llega como una promesa de crecimiento abstracto, sino como una prueba de estrés para estructuras logísticas que llevan años funcionando por acumulación de decisiones, no siempre por diseño.
Para los equipos de operaciones, transporte, planificación o aduanas, ignorar este acuerdo o esperar a que “todo esté cerrado” puede ser una forma silenciosa de perder ventaja competitiva.
De qué va realmente el acuerdo UE–Mercosur
En términos formales, el acuerdo UE–Mercosur busca facilitar el intercambio comercial entre Europa y cuatro países clave de Sudamérica: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. El eje principal es la reducción de barreras al comercio, especialmente aranceles, junto con compromisos en materia regulatoria, técnica y administrativa.
Pero desde una perspectiva logística, el acuerdo no debe leerse como un documento jurídico, sino como un cambio en las condiciones del terreno de juego. Cuando se modifican las reglas de acceso a mercados, cambian las decisiones sobre dónde producir, dónde consolidar, desde dónde exportar y cómo estructurar los flujos.
Esto significa que muchas cadenas de suministro diseñadas para un contexto anterior pueden dejar de ser óptimas, incluso aunque sigan funcionando correctamente desde el punto de vista operativo.
Cuando bajan los aranceles, la cadena de suministro se reordena
Uno de los efectos más visibles del acuerdo es la reducción progresiva de aranceles. Sin embargo, el verdadero impacto no está en el porcentaje que baja un impuesto, sino en cómo eso altera el coste landed (el coste total de una mercancía puesta en destino).
Cuando el coste landed cambia, se reabren decisiones estratégicas que muchas empresas llevaban años sin cuestionar. Proveedores que antes no eran competitivos pueden empezar a serlo. Centros de ensamblaje que parecían bien ubicados pueden perder sentido. Rutas que funcionaban por costumbre pueden dejar de ser las más eficientes.
En este punto, la logística deja de ser un área que “ejecuta pedidos” para convertirse en una función que condiciona decisiones de negocio. No se trata de mover más mercancía, sino de moverla de otra manera.
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Reglas de origen: el filtro silencioso del acuerdo
Uno de los aspectos más determinantes —y a menudo menos comprendidos— del acuerdo son las reglas de origen. Estas reglas establecen de dónde se considera que es realmente un producto y, por tanto, si puede beneficiarse o no de las ventajas arancelarias.
En cadenas de suministro globales, donde un producto puede diseñarse en un país, fabricarse en varios y ensamblarse en otro, el origen ya no es evidente. Muchas empresas descubrirán que, aunque el acuerdo exista, sus productos no califican automáticamente para él.
Aquí entran en juego factores clave como:
- El BOM (Bill of Materials, lista de materiales) y el peso real de cada componente.
- Los procesos de transformación que aportan valor suficiente para definir origen.
- La capacidad de demostrar ese origen de forma documental y consistente.
Este análisis suele revelar una realidad incómoda: cadenas de suministro mucho más frágiles o dependientes de terceros países de lo que se pensaba. El acuerdo actúa, así como un catalizador que obliga a revisar decisiones heredadas y, en muchos casos, a replantear la arquitectura completa de la cadena de valor.
Clasificación arancelaria: pequeños errores, grandes consecuencias
Otro punto crítico es la clasificación arancelaria, basada en los códigos HS (Harmonized System, Sistema Armonizado). En muchas organizaciones, estos códigos se asignaron hace años y han permanecido sin revisión, simplemente porque no generaban conflictos visibles.
En el contexto de un acuerdo comercial, esta inercia se vuelve peligrosa. Una clasificación incorrecta puede significar no aplicar una preferencia arancelaria, provocar inspecciones adicionales o generar retrasos en frontera. Lo que antes era un detalle administrativo se convierte en un factor que impacta directamente en costes, plazos y fiabilidad del servicio.
La logística, en este escenario, necesita trabajar mucho más cerca de aduanas, compras y legal, rompiendo silos que históricamente han ralentizado la toma de decisiones.
Flujos, puertos y capacidad: más volumen no significa menos complejidad
Si el acuerdo UE–Mercosur se implementa de forma efectiva, es razonable esperar un aumento del tráfico marítimo entre Europa y Sudamérica, especialmente en el eje atlántico. Pero más volumen no implica necesariamente más eficiencia.
Un incremento de flujos suele traer consigo nuevas tensiones: saturación de ciertos puertos, presión sobre la disponibilidad de contenedores, volatilidad en tarifas y mayor competencia por capacidad en momentos pico. En este contexto, la planificación logística deja de ser reactiva y pasa a ser proactiva.
Empiezan a ganar peso decisiones como la diversificación de puertos de entrada, la contratación estratégica de capacidad y el uso inteligente de soluciones intermodales dentro de Europa. La logística ya no puede permitirse improvisar.
Mercosur: How Europe aims to reposition its trade in the Trump era | DW News –
Aduanas y controles: el cuello de botella que no desaparece
Uno de los errores más comunes al hablar de acuerdos comerciales es asumir que todo se simplifica. En la práctica, la reducción de aranceles no elimina los controles aduaneros y, en algunos casos, incluso los intensifica.
Productos sensibles desde el punto de vista político, sanitario o medioambiental pueden estar sujetos a mayores niveles de escrutinio. Esto se traduce en lead times (tiempos totales de tránsito) más variables y en una mayor exigencia documental.
En este contexto, la diferencia no la marca solo el operador logístico, sino la madurez de los procesos internos. La claridad en los SLAs (Service Level Agreements, acuerdos de nivel de servicio), la coordinación entre departamentos y la calidad de la información se convierten en factores críticos para evitar cuellos de botella.
eGuide: Addressing Root Causes of Logistics Bottlenecks https://www.flexport.com/logistics/eguide-logistics-bottlenecks/
Un acuerdo que separa cadenas maduras de cadenas frágiles
El acuerdo UE–Mercosur no va a transformar la logística de un día para otro. No habrá un antes y un después inmediato. Pero sí va a poner en evidencia qué empresas tienen cadenas de suministro diseñadas con criterio y cuáles funcionan únicamente por acumulación de parches.
Las organizaciones que lo vean solo como un anuncio esperarán a que todo esté cerrado para reaccionar. Las que entiendan su impacto real empezarán antes, revisando datos, simulando escenarios y tomando decisiones informadas, incluso en un entorno de incertidumbre.
Porque, en el fondo, este acuerdo no va de firmar papeles, sino de asumir que la logística ya no puede limitarse a ejecutar lo que otros deciden.
Quien quiera adaptarse a la nueva realidad debe dejar de esperar certezas externas y empezar hoy a revisar su cadena de suministro con datos, criterio y capacidad de decisión.


